Algunas diferencias clave entre las democracias de España y U.S.A.

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El hijo de Ryan, Paul Ryan, presidente del Comité de Presupuestos de la Cámara de Representantes de los US, presenta a los medios el documento de propuesta de Presupuestos de la República, aprobado hoy por 260 votos a favor contra 167 en contra.Estos presupuestos para el próximo semestre -allí hilan más fino y los gastos del Estado se someten al parlamento dos veces al año- se titulan ‘El camino de la prosperidad’. Si lo anterior es una nota de atención, un detallito de nada sobre la superioridad de la democracia norteamericana en cuanto a las normas de funcionamiento, lo siguiente, que nunca suele ser destacado por los comentaristas y tertulianos del Régimen, es abracadabrante: Los presupuestos fueron aprobados por una ‘coalición bipartidista’, dice el Post. Es la forma coloquial, habitual, normal y corriente, de referirse a la libertad de voto que reina en la Cámara de Representantes. Es decir, 179 republicanos y 81 demócratas votaron a favor, mientras que 59 republicanos y 108 demócratas votaron en contra. Por tanto, los presupuestos con los que se financian las agencias federales -en las que manda la Casa Blanca, o sea, Obama, demócrata- son más bien republicanos. Pero no es cierto. Esa es la típica forma de pensar ‘parademocrática’, casi democrática, española. No son unos presupuestos republicanos ni demócratas. Desde el momento en que son aprobados se convierten en los presupuestos de la República de los Estados Unidos. Y nadie vuelve a referirse a ellos como los presupuestos del partido demócrata, ni los presupuestos de Obama. Sencillamente porque no lo son. Lo contrario que aquí, donde los presupuestos siempre se aprueban tras una cerrada votación a favor, en formación de cuatro en fondo, de los diputados de la ‘Legio Zapateria Félix’, además del apoyo parlamentario interesado de las cohortes indígenas ‘auxilia’ la caballería sinistraunidienses, los honderos errepublicanus y los temibles guerreros penevunscones, cuando hacen falta.

En contra habrían votado los diputados de la oposición, en la actualidad los del ejército cartarajoynense.

Y al que se le ocurriera equivocarse de botón se le aplicarán cien latigazos mediáticos y se le condenará al ostracismo en un oscuro puesto burocrático en provincias.

En España -o Hispania si seguimos con la broma- nadie vota conscientemente lo contrario del jefe, porque a quien lo hace se le castiga con la muerte política en ejecución pública (mediática), tanto entre unos como otros, pues es una gran deshonra regresar a la sede del partido habiendo abandonado a tu jefe en sesión parlamentaria, según rezan las tradiciones indoeuropeas más remotas que consideraban un deshonor insuperable para un guerrero regresar a la aldea vivo si su jefe moría en combate

Me iba a quedar aquí, pero se me ocurre echar un vistazo a la prensa española y miren lo que dice Antonio Caño, en El País: “bla, bla, bla, xiu, xiu, xiu… [Obama] ofreció un programa alternativo al que ayer mismo tenían previsto aprobar los republicanos en la Cámara de Representantes. Ya hay, pues, en juego dos visiones opuestas sobre el futuro de este país. La de los republicanos, dijo ayer Obama, “no pretende tanto atajar el déficit como cambiar el tejido social básico de EE UU“.

Sí Caño, olvídate de toda esa politiquería provinciana. En el Senado y en la Cámara de Representantes estadounidenses la lealtad partidaria estilo hispánico no existe y los partidos se diluyen ante lo que de verdad cuenta: La confrontación de las opiniones individuales de cada uno de los senadores y congresistas, de las personas que han recibido directamente de los electores el poder de representarles en el Senado o el Congreso.

By Joe Republinsky

 

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